El regresar a la escuela implicaba un reto enorme no sólo para mí, sino también para mis papás. Por un lado ya había pasado mas de medio año desde que tuve que abandonarla por mis constantes entradas y salidas al hospital y por otro, y aunque en este punto estaba mucho más recuperada, para mis padres significaba tener que superar el miedo de dejarme libre para que volviera a buscar una vida fuera de la burbuja protegida que representaba el hospital y, para mí, representaba la oportunidad de constatar y asegurarme que todo lo que había sucedido no iba a interponerse con que yo hiciera una vida normal, como la de todos los demás.
La Psiquiatra siguió trabajando conmigo y con mis papás y al observarse avances significativos en las crisis de ansiedad a la par que me hacía más hábil en la lucha contra "el intruso" la doctora tomó la determinación de espaciar mis sesiones con la finalidad de irme dando la oportunidad de enfrentarme yo sola a los posibles retos que en ese tiempo se presentaran. De la misma manera ella me hizo ver que el regresar a la escuela sería la oportunidad de iniciar una nueva etapa de mi vida, una etapa en la que poco a poco aprendería a ver las cosas de una manera diferente, en la que disfrutaría de todos los beneficios de ser libre sin estar atada a una cama de hospital y en la que aprendería también a ser yo de nuevo, un yo que no estuviera determinado ni definido por tener una enfermedad mental o por tener una sonda pegada a mi cuerpo......
Me fui preparando para el examen, tranquila, sin presiones y sin preocuparme o angustiarme como solía hacerlo en el pasado así que para cuando ese día llegó yo estaba dispuesta a aceptar el resultado que fuera, solamente quería regresar a la escuela. Lo hice y aunque tuvimos que esperar un par de días, la respuesta fue muy positiva, nos mandaron llamar para decirnos que podía, si así lo deseaba, ingresar al sexto grado aún y cuando ya había transcurrido la mitad de éste, el director dijo que por los resultados tan positivos que había obtenido era muy probable que fácilmente me enrolara con los contenidos de ese curso.
Así que desde el momento en que me dieron esa noticia hasta que estuve frente a la puerta del salón me preparé de una manera única, atendía las indicaciones que me daba la Psiquiatra, hacía ejercicios de respiración de manera constante, había logrado reducir las ideas repetitivas en mi cabeza con lo que lograba también que mis luchas se redujeran en frecuencia e intensidad, tomaba mis medicamentos de manera religiosa, recibía apoyo de mi familia que también iba a terapia con la doctora y había aceptado también que la sonda se quedaría conmigo durante algún tiempo más y que no dejaría que ese pequeño detalle encogiera a la persona que estaba formando así que tome la decisión de ser muy selectiva con las personas con las que compartiría esto, al fin y al cabo no era perceptible para nadie a menos que así lo decidiera yo.
Así que desde el momento en que me dieron esa noticia hasta que estuve frente a la puerta del salón me preparé de una manera única, atendía las indicaciones que me daba la Psiquiatra, hacía ejercicios de respiración de manera constante, había logrado reducir las ideas repetitivas en mi cabeza con lo que lograba también que mis luchas se redujeran en frecuencia e intensidad, tomaba mis medicamentos de manera religiosa, recibía apoyo de mi familia que también iba a terapia con la doctora y había aceptado también que la sonda se quedaría conmigo durante algún tiempo más y que no dejaría que ese pequeño detalle encogiera a la persona que estaba formando así que tome la decisión de ser muy selectiva con las personas con las que compartiría esto, al fin y al cabo no era perceptible para nadie a menos que así lo decidiera yo.
Se llegó el día, muy temprano hicieron pasar la comida a través de mi sonda para darme oportunidad y tiempo suficiente a que la sensación de estar llena pasara y no me generara algún malestar estando en la escuela, después tomé también las gotas de clonazepam, que me ayudaba a no sentirme ansiosa, en una cuchara con un poco de agua e hice mis respiraciones para poder entonces iniciar el camino a mi primer día en la escuela. Me recibió el director con un abrazo y felicitándome por lo que había logrado hasta ese momento, y tras algunas otras palabras me acompañaron al salón y fue ahí, al entrar al grupo, que me sentí con un control completo de mí, no había mamá, papá o psiquiatra alguna para contenerme... era nada más yo.
Algunos de mis compañeros habían compartido otro grado conmigo y, tras algunos comentarios que hacía el director o los maestros que me visitaban, sabían que había estado mucho tiempo en el hospital y que no podían descubrir lo que tenía pero que ahora ya estaba mucho mejor; sin embargo, lo que nadie sabía era que veía a una Psiquiatra o que me daban de comer a través de una sonda y yo había decidido que era mejor así.
Claro que ese primer día me tuve que enfrentar a las dudas que mis compañeros tenían, ¿por qué te fuiste el año pasado?, ¿qué tenías?, ¿por qué estabas en el hospital?, ¿todavía estás enferma? y aunque yo respondí a todas ellas siempre procuré no ahondar mucho en ese tema, yo era como ellos y no quería que me vieran o trataran diferente.
Claro que ese primer día me tuve que enfrentar a las dudas que mis compañeros tenían, ¿por qué te fuiste el año pasado?, ¿qué tenías?, ¿por qué estabas en el hospital?, ¿todavía estás enferma? y aunque yo respondí a todas ellas siempre procuré no ahondar mucho en ese tema, yo era como ellos y no quería que me vieran o trataran diferente.
Durante el descanso mi mamá fue a llevarnos el almuerzo tanto a mi como a mi hermano quien estaba en segundo grado; yo ya había recibido otro tipo de alimentación pero para ese entonces ya ingería un poco de alimento por la boca, así que, aunque en cantidades todavía pequeñas, trataba de probar alimento durante los recesos.
Al poco tiempo ya tenía un grupo establecido de amigos, me había enrolado de manera exitosa en las clases y fácilmente me puse al corriente. Y aunque la rutina de mi recuperación seguía, yo estaba terminando de despertar a una nueva oportunidad que estaba disfrutando y a la que me estaba aferrando con todas mis fuerzas, había logrado también sentirme lo suficientemente segura con los amigos que tenía como para contarles algo más acerca de mí y fue ahí cuando hable por primera vez de mi experiencia en el hospital y de la sonda que me ayudaba a alimentarme, lo hice con mucho miedo y un poco de reserva porque no sabía que respuesta esperar...
Quería saber también si el enterar a otros de la situación en la que me encontraba podía convertirse en un obstáculo significativo al momento de buscar hacer amistades o algo más, y... lo descubrí de una manera que me hizo ver que no todos son capaces de comprender y aceptar las diferencias de los demás; pero esa situación, en lugar de derrumbar lo que había estado forjando por más de 6 meses, lo que hizo fue empujarme a terminar de salir del túnel y reforzar a la persona en la que me estaba convirtiendo.
Al poco tiempo ya tenía un grupo establecido de amigos, me había enrolado de manera exitosa en las clases y fácilmente me puse al corriente. Y aunque la rutina de mi recuperación seguía, yo estaba terminando de despertar a una nueva oportunidad que estaba disfrutando y a la que me estaba aferrando con todas mis fuerzas, había logrado también sentirme lo suficientemente segura con los amigos que tenía como para contarles algo más acerca de mí y fue ahí cuando hable por primera vez de mi experiencia en el hospital y de la sonda que me ayudaba a alimentarme, lo hice con mucho miedo y un poco de reserva porque no sabía que respuesta esperar...
Quería saber también si el enterar a otros de la situación en la que me encontraba podía convertirse en un obstáculo significativo al momento de buscar hacer amistades o algo más, y... lo descubrí de una manera que me hizo ver que no todos son capaces de comprender y aceptar las diferencias de los demás; pero esa situación, en lugar de derrumbar lo que había estado forjando por más de 6 meses, lo que hizo fue empujarme a terminar de salir del túnel y reforzar a la persona en la que me estaba convirtiendo.