jueves, 15 de enero de 2015

Después del quirófano

Al ingresar a la sala de recuperación yo todavía me encontraba en un estado semiconsciente, y poco pude darme cuenta de lo que había sucedido apenas 15 minutos atrás. El ir y venir de las enfermeras para revisar mis signos vitales y pedirme que no me preocupara, que todo había salido bien y lo que yo debía hacer era descansar y dormir cuanto yo quisiera y eso hice el tiempo que me mantuvieron en ese cuarto hasta que un par de enfermeros entraron a donde yo estaba para decirme era momento de que fuera a mi habitación, me trasladaron a otra camilla y me llevaron a un recorrido por el hospital hasta que llegamos al quinto piso, al área de pediatría y finalmente a mi cuarto donde ya estaba mi familia esperándome, Me ayudaron a recostarme en la cama y mientras los enfermeros se retiraban, mi mamá me cubría para evitar que sintiera frío.

A los pocos minutos ya estaba yo completamente despierta, mi familia seguía ahí y fue en ese momento en donde caí en cuenta de lo que había sucedido, toque  mi estómago y la sentí, ahí estaba esa cosa, esa sonda de varios centímetros que salía de mi estómago y que ahora formaba parte de mi vida como si fuera una más de mis extremidades. En ese momento comencé a llorar, me di cuenta que había dejado de ser como cualquiera otro niño y que a partir de ahora todo sería diferente por una razón que no terminaba por conocer pero que, en ese punto, había terminado completamente con mis esperanzas de recuperarme... o al menos así lo pensaba, Mi mamá me consoló, sin llorar o mostrar algún signo de miedo o temor, cosa que estoy segura hacía cuando estaba con mi abuela o con el resto de mi familia sólo que conmigo no lo demostraba.

Esa tarde tocó a mi puerta otra niña que estaba internada también en el hospital a unos cuantos cuartos del mío, pero con una situación mucho más complicada y amenazante que la mía...ella también recibía alimentación asistida y en ocasiones le era imposible salir de su habitación. Nos habíamos hecho amigas y en ocasiones jugábamos juntas en el área donde estaba el acuario mientras nuestras madres platicaban y se desahogaban una con la otra. Al entrar  y pedirle a mi mamá que saliera a jugar yo la rechacé, en ese momento no quería ver a nadie, en ese momento estaba de alguna manera terminando de aceptar lo que había sucedido y además sentía un poco de dolor que molestaba al caminar, ella se retiró y yo permanecí acostada toda la tarde.

Casi al anochecer entró el médico a cargo de mi, abrió la puerta, saludó a mis padres, se acercó a mi y me preguntó -cómo estás?, yo le conteste que me dolía un poco así que procedió a colocar la cama en una posición completamente horizontal, me pidió que me tapará con las sábanas la parte inferior de mi cuerpo y subiera mi bata de manera que pudiera ver la sonda que recién habían colocado. El apenas me rozó con sus manos y yo grité, grité del dolor que sentí al momento en que puso sus manos en mi; el dijo, y lo recuerdo clara y vívidamente -no te puede doler, acabó de ir a revisar a un bebé que también tiene una y ni siquiera se incomodó lo que pasa es que eres una chiflada, eso es todo lo que tienes- después de eso continuo revisando la sonda mientras yo lloraba y terminó diciendo que todo estaba bien y que a partir de mañana comenzaría a recibir alimento a través de ella. Se despidió de mis padres y salió de la habitación, ellos se dirigieron hacía mi para tratar de consolarme esperando que a partir de ahí las cosas pudieran salir mejor.

Ya en la mañana llegó de nueva cuenta el médico a pedirme que me levantara, me dijo que debía comenzar a caminar después del procedimiento de ayer así que removió mis sábanas para dar oportunidad a que mi mamá acomodara mi bata y entre ambos me ayudaron a levantarme, yo quedé sentada en la cama con las manos al borde de ella esperando la indicación para ponerme de pie. Cuando por fin lo hice e intenté erguirme algo me lo impidió y quede de pie pero completamente encorvada, el médico me gritaba: -¡derecha¡, párate bien por favor y deja de fingir- yo lo intenté, de verdad que lo intenté pero simplemente el dolor era mucho así que desistí y muy a su pesar él me pidió que me recostara de nuevo para revisar y tras remover con cierta dificultad las gasas que estaban alrededor del tubo se percató de lo que sucedía, una fuerte infección había atacado la zona de donde salía la sonda y fue en ese momento que dijo -ah, entonces es por esto, era verdad lo que decías- nos explicó lo que procedía en una situación como esta y tras una sencilla despedida salió del cuarto.

Yo en ese momento y de manera insistente le decía a mi mamá que no estaba mintiendo que de verdad me dolía y que no sabía por qué él había actuado de esa manera, ella me dijo que todo iba a estar bien y que pronto dejaría de sentirme así.Al poco tiempo entró una enfermera acompañada de unos médicos residentes para darnos indicaciones y nos dijeron que debían comenzar a administrar antibióticos para contrarrestar la infección y que a su vez un par de veces al día los médicos que estuvieran en ese momento vendrían a limpiar el área infectada para ayudar al proceso de recuperación; la enfermera administró el medicamento y tras retirarse los médicos me pidieron que descubriera el área para comenzar a limpiar, removieron las gasas, tomaron la sonda por el extremo y la levantaron de manera que tuvieran mas espacio en donde trabajar y utilizando gasas nuevas, hisopos y un líquido desinfectante procuraban trabajar sobre toda la herida mientras yo aguantaba el dolor que fue disminuyendo con el transcurso de los días.

Ese día por la noche tocaron de nueva cuenta a mi cuarto para hacer una nueva limpieza y nos dijeron que así sería por un par de días hasta que la infección cediera, mis padres asintieron con la cabeza y los dejaron trabajar una vez más en mi, para ese entonces y tras una plática que tuvieron poco tiempo antes, ellos ya consideraban cambiar de médico puesto que tras platicar con otros padres que estaban bajo su cargo y escuchar quejas de él por una atención inadecuada creyeron que era mejor evitar futuras confrontaciones.

En la mañana siguiente entró una de las enfermeras con tres vasos de un líquido naranja que ni mi madre ni yo sabíamos lo que era, ella los colocó en la mesita que estaba al lado de mi cama y procedió a explicarle el procedimiento por el que harían llegar el alimento a mi estómago, que en ese momento se encontraba mejor y dolía mucho menos. Levantaron mi bata mientras yo mira expectante y angustiada a la vez lo que sucedía, la enfermera colocó en posición vertical la sonda, colocó un pequeño embudo, dejó pasar un poco de agua y removió el seguro que permitió que el líquido bajara e ingresara en mi estomago... fue una sensación rara, extraña, no sabía qué pensar o qué sentir, procedió entonces a explicarle a mi mamá que todo el contenido de los vasos debía ingresar a mi cuerpo no de manera muy rápida así que vació parte del contenido de uno de los vasos y poco a poco lo dejaba entrar a mi cuerpo hasta que terminó con los tres vasos.

Mi  mamá permaneció atenta a lo que había sucedido ya que a partir de ese momento ella se involucraría en el procedo, de verdad que no se de donde sacaba las fuerzas y la estabilidad que tanto ella como mi padre mostraban frente a mí y no dejar que constatará lo que en verdad estaban sintiendo.
Yo me sentía llena, como si hubiera hecho una gran comida, como hacía mucho tiempo que no lo hacía... aunque en verdad no era yo quien me alimentaba ya que por mi boca no estaba pasando bocado alguno; era una sensación que recordaba y que extrañaba.

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