sábado, 10 de enero de 2015

Pasaron unos minutos hasta que mi mamá pudo entrar de nuevo al cuarto en donde se llevaría a cabo el estudio y después de algunas maniobras del personal del hospital yo desperté en el área de recuperación de Pediatría... un cuarto enorme con muchas camas y con muchos niños en ellas, la gran mayoría en peores condiciones que yo. Abrí los ojos para verme en ese cuarto, con una máscara de oxígeno puesta y monitores de signos vitales en todo mi cuerpo, le pedí a una enfermera que se acercara, ella lo hizo y de la mejor manera posible pero me explicó algo de lo que había sucedido y me dijo que cuando me recuperara un poco más podría ir a mi habitación y que por lo pronto tratara de disfrutar lo que habían puesto en la televisión... Un concierto de una telenovela infantil que había sido transmitida poco antes de que todo esto comenzara.

Al poco tiempo me llevaron a la habitación donde mi familia me estaba esperando, en esos días las cosas no cambiaron mucho y mis noches seguían siendo los peores momentos posibles no sólo para mi sino para quien estuviera velando conmigo el paso del tiempo sin que fuera posible que alguien pudiera conciliar el sueño. Para ese entonces mis crisis se generalizaron y cada vez que mi mamá me pedía irse a nuestra casa a descansar o a cuidar de mi hermano menor yo colapsaba de nuevo, ni siquiera la presencia de mi papá ayudaba y tanto a él, como a cualquier otra persona que llegara a ser mi cuidador relevo, lo rechazaba. Aún así mi madre debía tomar la decisión de dejarme un par de horas y era también en esos momentos cuando el mounstro que todavía no tenía nombre se apoderaba de mi... la ausencia de mi mamá significaba en mi cabeza que la noche sería peor, si no podía dormir y sentía tanto miedo cuando ella estaba ¿cómo lo podría hacer con otra persona, fuera quien fuere?

El hospital se había convertido ya en mi segundo hogar, y lo que sucedería después significaría solamente que terminaría por asentarme definitivamente ahí, o al menos así lo creía yo. El médico que me atendía determinó la urgencia con la que debían alimentarme así que tomó la decisión de que harían un último intento, debía ingerir un líquido que ayudaría a que no se que aparato investigara más a fondo todo mi sistema digestivo (yo muy pocas veces entendía la utilidad de esas pruebas y estudios que me hacían) pero para mí la amenaza principal era el hecho de beber algo, yo para ese entonces ingería solamente gramos de comida y pensar que debía tomar un vaso completo de líquido hizo que experimentara una crisis enorme.

El doctor me dio  media hora para hacerlo, tenía que hacerlo, mi madre me motivaba a hacerlo y me pedía que hiciera un esfuerzo, que luchara contra lo que fuera que estuviera sintiendo y lo venciera... No pude, mi cabeza me saturaba de ideas automáticas que me lastimaban, mi corazón parecía que quería salir de mi pecho y el miedo que me invadía no podía compararlo con nada más. Pasó el tiempo que se había establecido y entró de nueva cuenta el médico y al ver que no había sido posible para mi ingerir lo que me había pedido me dijo - Lo siento mucho, yo te lo pedí, y de alguna manera tenemos que hacer que ese liquido entre a tu cuerpo- Presionó el botón de llamado de las enfermeras y solicito una sonda nasogástrica y pidió que viniera gente a apoyarlo.

A los pocos, muy pocos minutos, entraron dos personas más ( no recuerdo si eran enfermeras (os), asistentes o alguna otra cosa) y le pidieron a mi mamá que saliera del cuarto, ella de algún sacó la fuerza que necesitaba y obedeció la indicación que le dieron; yo estaba sentada al borde de la cama tomando con mis manos las sábanas y apretandolas con tanta fuerza deseando estar en cualquier otro lugar... cualquiera. Entre las personas que fueron en apoyo del médico me sujetaron y me recostaron en la cama, algo que no se explicaba el personal que me atendía era que a pesar de no dormir y de no comer tenía una fuerza extraordinaria que probablemente venía de mis deseos de que lo que fuera que estuviera dentro de mi saliera así nada más ya que incluso cuando debían calmarme para inyectarme o para hacer correr alguna prueba en la mayor parte de las ocasiones terminaban por amarrarme debido a la fuerza con la que me de defendía de quienes se acercaban a mí en mis peores estados.

Esa ocasión no fue la excepción y aunque poco recuerdo de lo que me decían para tratar de tranquilizarme sí tengo presente conmigo la fuerza física que ejercieron, me tomaron de manos, de pies y de mi cabeza usando prácticamente todo su cuerpo para que entonces el médico pudiera poco a poco introducir a través de mi nariz la sonda que llegaría hasta mi estómago y por la que introducirían el líquido necesario para un estudio mas, para una prueba más, para una nueva oportunidad de certificar que no sabían nada de lo que me estaba pasando.

Y así fue, como en todas las otras veces en las que me investigaban, me observaban, me metían o me sacaban cosas, todo salió normal y no había muestra alguna de la presencia de alguna enfermedad grave que estuviera atacando mi cuerpo. Aún así debían alimentarme y eso hizo que tanto los médicos como mis padres tomaran la decisión de colocar un catéter en mi brazo que llegaría a no se donde pero a través del cual introducían a mi cuerpo un líquido blanco que, se suponía, era mi comida ya que contenía los nutrimentos básicos para que, al menos, no muriera de hambre y pudiera aguantar mi vida un poco más hasta que a ellos se les ocurriera una nueva línea de investigación para dar con la respuesta que todos estaban buscando...todos menos yo, para mi todo eso ya había sido demasiado y solamente seguía la corriente esperando que pasara algo... lo que fuera que terminara con lo que me tenía atrincherada en el miedo y en la angustia.

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